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por Suzanna Engman
fotos por Waldemar Alcobas y Marla Browne

En tan solo 45 minutos, investigadores de la Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras pueden viajar desde la bulliciosa metrópolis de San Juan a la Isla de Mona, una deshabitada pero habitable isla, que mide tan solo 4 millas por 7, situada entre Puerto Rico y La Española. Desde lo alto, los empinados riscos de la isla al borde del mar dan la “imponente impresión de una fortaleza flotante incapaz de ser vencida”, escribe Ovidio Dávila Dávila, en su importante libro sobre la isla.

This abandoned lighthouse, designed by Gustave Eiffel, on the east end of Mona Island, like the introduced goats and pigs, once served a useful purpose. After 1898 Treaty of Paris, Isla Mona, algond with the rest of Puerto Rico, was annexed to the United States and in 1900 the lighthouse began operation. It was decomimissioned in 1976.

La descripción de Dávila Dávila me parece asombrosamente precisa, mientras observo la isla desde el avión del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales de Puerto Rico (DRNA), que dicho sea de paso, es bastante lujoso para ser de un motor y tener diez asientos. Me acompañan un fotógrafo y seis investigadores de la UPR-RP y del DRNA, quienes viajan para recopilar información para una estudiante doctoral que investiga un cactus en peligro de extinción; y también para realizar el censo anual de un experimento a largo plazo en un terreno de vegetación.

El avión debe aterrizar en una pista no pavimentada, que desde lo alto parece ser tan larga como la entrada para automóviles de una casa suburbana. Aterrizamos sin problema alguno, se apagan los motores, y desembarcamos en lo que espero que sea una silenciosa isla paradisíaca. Sin embargo, inmediatamente es evidente que este lugar está repleto de pájaros ruidosos. Pronto me percato de que escucharemos los sonidos de los pájaros en Mona 24 horas al día. Por la noche, los coquíes y algunas especies de garzas nocturnas como el Huairavo (Nycticorax nycticorax hoactli) y el Sabacú (Nyctanassa violacea bancrofti) se encargan de la producción de sonido en la isla.

En la pista de aterrizaje nos recibe Antonio Nieves, científico residente del DRNA, quien acomoda a los estudiantes graduados y el equipaje en la parte posterior de una camioneta del DRNA. Vamos brincando todo el trayecto- pues la única carretera que hay está parcialmente pavimentada con dos franjas estrechas de cemento -hasta llegar a nuestro campamento base. La carretera, según me cuentan, fue construida por las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, quienes durante un tiempo utilizaron la isla para ejercicios militares. Ésta conduce desde Playa Sardinera hasta el abandonado Faro de la Isla de Mona, la única estructura en América diseñada por Gustave Eiffel.

Conocida a veces como la Galápagos Caribeña, la localización estratégica de la Isla de Mona y su importancia como reserva ecológica y centro de investigación no deben ser subestimadas. Un grupo de investigadores de la UPR-RP colaboran con el DRNA, otras agencias gubernamentales y organizaciones no gubernamentales (ONGs) en el estudio y administración de este santuario para varias especies de animales, aves y plantas en vías de extinción, como Cyclura corneta stejnegeri, conocida como la Iguana de Mona. A pesar de estar clasificada como una especie amenazada, ésta puede verse en todas partes de la isla, y aunque se considera tímida y dócil, pronto vería a una atacar a un científico del DRNA. El ataque duró poco tiempo, y el botánico, José Sustache Sustache, resultó ileso, así que continuamos nuestra caminata en búsqueda de la elusiva Marsdenia woodburyana, una parra clasificada en peligro crítico de extinción. Sustache dice que se conoce la existencia de solo una docena de estas plantas en la Tierra, diez de ellas en Mona y dos en Puerto Rico. Cuando se encuentra una parra, se le envía una muestra a la Institución Smithsonian- como ellos requieren -y otra a Elvia Meléndez-Ackerman, Ph.D., bióloga de la UPR-RP, organizadora de este viaje a Mona y directora del Instituto de Dasonomía Tropical (ITES por sus siglas en inglés).

Left, botanist for the Department of Natural and Environmental Resources José Sustache Sustache does taxonomic work on the critically endangered vine, Marsdenia woodburjana, in collaboration with the Smithsonian Institution. Right, graduate students José Fumero-Cabán and Alberto R. Puente-Rolón use a GPS to gather data on an endangered cactus species. Puente-Rolón is currently conducting a study on the endangered Puerto Rican boa (Epicrates inornatus) and Fumero-Cabán will soon start an investigation to test the influence of Africanized bees (Apis mellifera Lepetelier scutellata) on Guyacum officinale, an economically important tree.

Inmediatamente después de arrastrar nuestro equipaje hasta el campamento, nos amontonamos nuevamente en la camioneta y empezamos nuestro trabajo de campo. Los investigadores se dividen en dos grupos para recolectar información sobre el cactus amenazado. Yo me voy con Alberto R. Puente-Rolón (ver más sobre su investigación p. 30 ), biólogo del DRNA y estudiante doctoral, y con José J. Fumero, estudiante doctoral también. El terreno es escabroso, con bordes afilados y está lleno de pequeños y grandes sumideros. Esto es una piedra dolomita, una forma sólida cristalizada de piedra caliza. La constante corrosión es resultado de la reacción de agua ácida en piedra caliza soluble. Sin embargo, aunque a nosotros se nos dificulta caminar sobre piedra caliza, las cabras silvestres que espiamos al borde de los riscos que dan hacia el mar, pisan firmemente mientras echan a correr. Puente-Rolón me dice que una querida compañera y bióloga del DRNA, Hana López, estudia estas cabras. (Ver su historia p. 30)

Una vez los investigadores identifican una especie de cactus, utilizan el Sistema de Posicionamiento Global (GPS por sus siglas en inglés) para determinar su localización y registrar las coordenadas para que Rojos-Sandoval la pueda localizar nuevamente. El trabajo es tedioso y los investigadores deben registrar la información meticulosamente. Mientras, yo me distraigo mirando los pájaros. Localizo una mariquita de Puerto Rico (Agelaius xanthomus), numerosos gaviotínes de bridas (Sterna fuscata) y un rabihorcado magnífico (Fregata magnificens), pero no logro ver una boba prieta (Sula leucogaster) o un águila pescadora (Pandion haliaetus carolinensis).

Almorzamos en una cueva que da paso a un risco, desde donde se divisan las aguas más azules que haya visto. Mientras comemos, una gigante tortuga laúd, en peligro de extinción, flota y se zambulle en el agua alrededor de 150 pies más abajo de nosotros. El océano está calmo ahora, pero las fuertes corrientes, las altas olas y los tiburones hacen que el pasaje de Mona sea uno de los canales más peligrosos del mundo. Cada año cientos de cubanos y dominicanos intentan cruzarlo para llegar a los Estados Unidos o a Puerto Rico en busca de una mejor vida. Los cubanos que logran llegar a la Isla de Mona, territorio estadounidense, llegan eufóricos, pues como refugiados políticos son elegibles para quedarse en los Estados Unidos bajo la política de pies mojados y pies secos. Los dominicanos que llegan a la Isla de Mona, han naufragado, perdido su rumbo, o se han quedado sin gasolina. Ellos serán deportados a la República Dominicana. El año pasado, más de 1,000 cubanos entraron a los Estados Unidos a través de la Isla de Mona y 100 dominicanos fueron capturados allí, según el científico residente Nieves. Luego de darles comida y albergue en Playa Sardinera, confiscan sus botes y los envían a Puerto Rico para los trámites correspondientes.

Después de almorzar, continuamos con la rutina de documentación hasta regresar al campamento. El próximo día nos levantamos a las 4:00a.m. para estar afuera a las 5:00a.m. Ya a las 6:00a.m., empezamos la caminata de hora y media hacia el área hondonada de Empalme, en el centro de la isla. Desde 1999, en esta área se lleva a cabo un estudio a largo plazo de un terreno de vegetación, y por eso dos secciones del bosque, de 49 pies por 82, están cercadas. “El experimento inicial comenzó en otro lugar, en Coral de los Indios, en 1997. Las parcelas se establecieron originalmente como estrategia para proteger los nidos de las iguanas. (ver artículos relacionados, p. 28)”

El grupo de Meléndez-Ackerman aprovechó la oportunidad para estudiar la vegetación en este predio de terreno. Querían saber qué sucedería con la vegetación al excluir, por lo menos parcialmente, las cabras y los cerdos. “A corto plazo, no hemos visto efectos, pero eso no significa que no los haya,” dice Meléndez-Ackerman. El bosque seco se caracteriza por su baja productividad.  Así que puede ser que la respuesta se encuentre dentro del mismo suelo. Hemos encontrado que en ocasiones cuando hay mucha vegetación, las cabras desarrollan preferencias y aversión por algunas hierbas. Durante periodos de escasez, éstas incorporan más variedad. El dominio de algún tipo de hierba todavía no ha surgido en nuestros terrenos, pero en un estudio similar en Hawai, una extensa área cercada terminó cubierta de hierba luego de 50 años. Después de que los administradores de la isla excluyeran las cabras y los cerdos, se percataron de que en Hawai había más productividad primaria dentro del área cercada, pero ésta se debía mayormente a la invasión de una hierba que creció luego de excluir a los animales. Esta es una de las razones por la cual hacemos este experimento. Queremos averiguar si es beneficioso excluir a las cabras”, dice Meléndez-Ackerman.

Los investigadores trabajan en pares, uno mide e identifica y el otro documenta la información. Anualmente, ellos documentan todo lo que ven en 25 terrenos, de un metro por uno, localizados fuera de la cerca, y en 25 terrenos dentro de la cerca: el número y tipo de semilla, las medidas de largo y ancho de la vegetación, el tipo de vegetación y si existe o no evidencia de que la vegetación haya sido comida por herbívoros. Primero colocan en el suelo un marco de madera de un metro de largo y otro de ancho, y después de que se recopilan todos los datos de ese terreno, colocan el marco en otro pedazo de terreno y comienzan de nuevo.

Meléndez-Ackerman's boots after field work on Mona Island's rough karst terrain.

“El problema de la cabra y el cerdo es global. En las Islas Galápagos, al igual que en otras islas, se introdujeron ratas, cabras y cerdos. Las cabras han estado allí por mucho tiempo y no todos están de acuerdo con erradicarlas. Pero las cabras, si no se supervisan, pueden reproducirse rápidamente a altos niveles de densidad y ocasionar desertificación, en donde se pierden árboles, arbustos y otra vegetación. Luego de comerse todos los árboles, van en busca de algo mejor, y algo mejor, y luego lo que queda es un pequeño y simple ecosistema con poca capacidad para retener agua, propenso a la erosión del suelo. Esto ha ocurrido a grande escala en África del Norte. Este es el resultado de pastorear demasiado. En lugares donde el ganado pace sin supervisión, se crea un nuevo ecosistema. En términos de control, este problema ha sido más común en los ecosistemas de las islas, donde no hay depredadores, excepto los humanos”.

"Ser un biólogo académico es difícil, especialmente los primeros diez años. Uno tiene que visualizarse trabajando diez horas diarias, seis o siete días a la semana. Es difícil para la familia y para uno mismo. No es una historia de horror porque uno no lo ve como trabajo. Uno lo ve como parte de su estilo de vida, pero es muy agitado y no hay cabida para errores."

Los españoles introdujeron las cabras y los cerdos en la isla de Mona, llamada Ámona por los Taínos que habitaban allí, para que se reprodujeran y fueran útiles para los navegantes. Cristóbal Colón encontró la isla de Mona mientras navegaba entre Puerto Rico y La Española en el 1943, durante su segundo viaje al nuevo mundo. Los españoles utilizaban la isla para reabastecerse de combustible y para pedir a los indios que hicieran hamacas u otros productos de algodón, o para buscar guano en las cuevas. El guano es el excremento inodoro de los murciélagos, que se usaba como abono o como ingrediente para hacer pólvora, por sus altos niveles de fósforo y nitrógeno. Hoy día, aún quedan algunos arbustos de algodón y numerosos descendientes de los cerdos y las cabras introducidas por los españoles. Quinientos años después, los mismos animales que alimentaron a los españoles pueden constituir una amenaza al balance del ecosistema de la isla, a pesar de los esfuerzos por contener la población designando una época de caza.

Los investigadores terminan de censar el terreno de vegetación en un tiempo récord y regresamos. Es una caminata larga al final de un día caluroso y largo, y cuando llegamos a la camioneta, los zapatos de Meléndez-Ackerman están hechos triza. ¿Qué la atrae a este trabajo? Esa noche nos sentamos a hablar de lo que significa ser un científico hoy día.

Según Meléndez-Ackerman, un científico se pasa constantemente escribiendo propuestas para recibir fondos, haciendo trabajo de campo, trabajo de alcance público, investigaciones interdisciplinarias, enseñando, trabajando en el laboratorio, haciendo modelos matemáticos y de cálculos, viajando, dictando conferencias, escribiendo ensayos para publicaciones de evaluación por pares y ayudando a estudiantes de pos-grado con sus propios proyectos. “Ser un biólogo académico es difícil, especialmente los primeros diez años. Uno tiene que visualizarse trabajando diez horas diarias, seis o siete días a la semana. Es difícil para la familia y para uno mismo. No es una historia de horror porque uno no lo ve como trabajo. Uno lo ve como parte de su estilo de vida, pero es muy agitado y no hay cabida para errores. Si uno no desarrolla rápidamente un programa de investigación, puede que se le haya ido el tren. Es un trabajo fuerte. Al final del día uno termina cansado. Le tiene que gustar”.

“Sé que un trabajo de oficina no hubiera sido apropiado para mi porque necesito estar haciendo distintas cosas todo el tiempo. Y eso es algo básico del trabajo investigativo en cualquier ciencia. La ciencia cambia porque de nuevos descubrimientos surgen nuevas hipótesis, y eso es materia prima para más trabajo. Y continúa así. Estoy haciendo cosas que no hacía diez años atrás. Y sé que de aquí a veinte años estaré haciendo cosas bien, pero que bien distintas, aunque de alguna manera u otra estén relacionadas a mi ámbito de trabajo”.

Otro aspecto esencial de ser un biólogo es diseminar los resultados de una investigación al público en general. “Es algo importante para nosotros. Si no, sería un trabajo sin propósito. La información tiene que salir a relucir de manera que todos puedan comprender. De otra forma, no es posible cambiar la política pública”, ella dice.

AKKA-SEEDS at Mona Island

The student chapter of Strategies for Ecology, Education, Development and Sustainability (AKKA-SEEDS) at the University of Puerto Rico, Río Piedras campus, affiliated with the Ecological Society of America (ESA), is developing educational activities involving Mona Island with their mentor, Elvia Meléndez-Ackerman. SEEDS’s mission is to diversify and advance the profession of ecology by offering opportunities to stimulate and nurture underrepresented undergraduate students. SEEDS offers student field trips, undergraduate research fellowships, ESA Annual Meeting travel awards, and campus ecology chapters. UPR, RP’s SEEDS chapter members are currently working on an educational DVD on Mona Island to be available at myspace.com/walcobas.

akka.seeds@gmail.com

Después de irnos de la isla, a los investigadores les esperan meses de análisis de datos. Algunos estudiantes regresarán una y otra vez a la isla para completar trabajos de investigación para sus tesis o disertaciones. La Institución Smithsonian incluirá otra muestra de especie a su colección botánica. El DRNA continuará administrando la isla y Meléndez-Ackerman y otros científicos del la UPR-RP pasarán muchas horas escribiendo una propuesta solicitando la renovación de la beca CREST-CATEC. Las ideas impulsan el estudio, pero los fondos proporcionan los medios para hacerlo bien. A cambio, el estudio investigativo ayuda al DRNA a determinar la política de administración, inclusive si la erradicación de especies introducidas es beneficiosa. Al final, sus esfuerzos pueden ayudar a conservar la biodiversidad en la isla.

CATEC

El Comité de Investigación Científica y Técnica y el Centro de Ecología Aplicada y Conservación (CREST-CATEC), parte de la Fundación Nacional de Ciencias, otorgan una beca, de la cual Meléndez-Ackerman es la investigadora principal, que auspicia las investigaciones en la Isla de Mona. La beca- que consta de 5 millones de dólares por un período de cinco años, acompañados por 250 mil dólares de fondos de la UPR-RP –ha permitido a científicos y estudiantes de ITES continuar proyectos ecológicos investigativos a largo plazo y empezar nuevos. Además, los fondos patrocinan la expansión de la infraestructura del centro de investigaciones del campus universitario y fomentan las colaboraciones a largo plazo con instituciones gubernamentales y académicas, en un plano nacional e internacional. El estudio investigativo es también patrocinado en parte por los Premios a la Conservación y el Medio Ambiente de la compañía de motores Ford y los Premios a la Iniciativa de Empresarios en Apoyo al Medio Ambiente y el Desarrollo (SEEDS), una pequeña concesión de la Sociedad Ecológica de América.

 
   
 
 
 

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